- que haremos – me pregunto mi esposa
- no tengo ni la menor idea, salir sería mortal, respirar todo ese polvo, la radiación, no se si habrá bajado, ya paso casi un mes
un mes y uno 3 ó 4 días más o menos – siempre me sorprendió como mi esposa era capaz de llevar cuentas de fechas, debe ser algo innato en las mujeres
- mañana saldré a buscar comida, ya no tenemos casi nada, supongo que en el super debe haber algo en lata que no este malogrado – y nos dormimos.
Al día siguiente subí, me cubrí con todo lo que encontré, no era mucho en realidad, ropa de muertos, además muertos pequeños para mi, el efecto en los cuerpos que no fueron totalmente calcinados era interesante, supongo que se pudrían pero no se descomponían como suele pasar, quizás la radiación los preservo matando a las bacterias que consumen los cuerpos.
Llegue al supermercado y rebuscando entre escombros encontré latas de atún, solo eso, todo arriba del primer piso del supermercado había colapsado, en algunos casos todo era ruinoso en lo que quedaba en pie, el espectáculo dentro no era muy bonito, filas de cuerpos chamuscados frente a las cajas registradoras, murieron esperando usar su tarjeta de crédito mucho, al menos el que la explosión ocurriera al cerrar ya casi todas las tiendas permitió que no hubiera muchos cuerpos desperdigados.
Se me ocurrió cruzar la av. Universitaria y entrar al supermercado de herramientas, mi intención era conseguir algo parecido a mochilas de campamento para cargar mas cosas en mis salidas y machetes, si salimos al mundo exterior tener con que defendernos es esencial.
El techo de calamina había desaparecido, en una máquina de latas de gaseosa conseguí algo que tomar, esperaba que el aluminio haya protegido las bebidas y así era, habría una y el contenido era bebible, muchas habían reventado, seguro al hervir con el calor de la explosión genero que el gas se expandiera de tal manera.
Encontré los machetes, mochilas no había pero si bolsas grandes de plástico donde metí las cosas, camine a la salida y pase por la sección de ropa industrial, mis zapatos estaban muy lastimados así que cogí una botas gruesas, muchas tenían solo la armazón de metal que al calentarse quemo el cuero a su alrededor entonces recordé que en estos sitios tienen un sótano de deposito así que empecé a buscarlo, y entre en una mina de oro.
Muchas cosas estaban en buen estado, baterías para linternas y linternas, al no tener pilas no hicieron circuito y no se malograron, cogí muchas, botas en mejor estado, busque tallas chicas para mi esposa y mi hijas, lastimosamente lo más chico era talla 37, lentes con filtro UV de plástico, ayudarían mucho, el brillo era muy fuerte afuera, cogí varios, encontré algunos filtros para mascaras, pero no mascaras, así que tomé solo algunas mascarillas gruesas, tipo las de enfermeros, debieron sobrarles de la época de la peste de influenza y unos trajes de asbesto, lo mejor del día.
Tomé un traje y me lo puse, entre sin problemas y con varios en una bolsa salí hasta el “sótano 4”, así le decíamos de “cariño” a nuestro “hogar”, la imagen la verme en la penumbra y con la linterna debió ser como la de un astronauta todas gritaron hasta que me descubrí el rostro y lo iluminé con la linterna y todas se me echaron encima llorando.
Creo que ni Papá Noel sería tan bien recibido con su costal, les di a cada una una lata de gaseosa que vacearon sin demora alguna y una lata de atún que debió ser un manjar.
- ¿Qué es esa ropa? - me pregunto mi hija mayor
- Es un traje de asbesto, el asbesto nos puede proteger arriba, filtrará un poco la radiación, todas usarán uno mañana que salimos . Escuche decir a mi hija chica “radiación mala mata a papi”
- ¿donde iremos? - pregunto mi esposa
- A la librería, ahora viviremos ahí – todas se sorprendieron – la librería esta en pie, debe tener las mejores columnas, todos los pisos de arriba se han venido abajo y la han cubierto menos la entrada, así que los escombros nos cubrirán de la radiación y estaremos rodeados de papel, el papel es buen filtro para la radiación también, seguro haremos algunos ajustes.
Pasadas las horas y con la fogata pagada, ahora iluminados por una linterna grande veía a mis chicas jugar, a mi esposa no le gusto mucho sus nuevos zapatos pero no tenía muchas opciones, como a las chicas no les quedaban las botas entonces cogimos cinta de tubería y con ella cubrimos sus zapatos al rededor de un traje de asbesto que pobremente pudo ajustar mi esposa para ellas.
Esperamos esa noche y al amanecer salimos protegidos por los trajes, para aumentar la protección los forramos con la cinta de tubería, esta tiene plomo, el plomo protege bien de las radiación, sin embargo corrimos a la librería, la puerta de vidrio grueso había resistido bien, no estaba ni rajada ahora el problema era abrirla en eso no había pensado.
Cogí un escombro grande y se lo tiré encima, tan solo rebotó, mi esposa y yo lo intentamos varias veces, el vidrió era muy fuerte, mis hijas sentadas en otros escombros nos veían conversando entre ellas:
- Jesús te voy a leer un cuento, adentro hay muchos cuentos . Decía Andrea la mayor
- Si cuento, de Barbie ¿ya? - dijo Jesusita
- Sí, y de cars y de robots y de todas las películas
Todo era inútil, el polvo seguía molestándonos y nuestros pulmones absorberían ese veneno molido, le dije a mi esposa que me esperarán y corrí a la tienda de herramientas y cogí la comba mas grande que encontré, regrese rápido y apunte a la luna que me pareció más débil y golpe con toda la fuerza que pude, el vidrió crujió y se rajo en múltiples pedacitos, cuando le iba a dar otro golpe mi hija menor cogió una pequeña piedra, la tiró contra la luna y esta cayo hecha añicos y me dijo “así se hace papá”.
Entramos a la tienda, dentro el ambiente estaba muy cargado pero pronto el aire se refrescó, las chicas corrieron a la sección de libros de menores y tomaron algunos para ojear, se sacaron los cascos y los lentes con dificultad por los guantes que les pusimos, guantes industriales forrados con la cinta de plomo también.
Esa parecía ser la mejor sección, era alfombrada así que el frió no pasaría, además estaba de pared a pared cubierto de libros.
- ayúdame necesitamos cubrir la puerta rota – le dije a mi esposa y con no poca dificultad pusimos un estante en el hueco y lo llenamos de libros pesados, la cosa es que no fuera fácil moverlo, así cubrimos hasta arriba el hueco y dentro encontré las llaves en el cuerpo calcinado de lo que parecía ser el administrador, evidentemente no había logrado salir de su oficina a tiempo.
Regrese a la tienda de herramientas y cogí unas bolsas grandes y una sierra, regresé, entré en la oficina y partí el cuerpo para meterlo en la bolsa, descubrí que había 2 cuerpos más, el vigilantes en el baño interno y el de una mujer en un pequeño almacén interno, los saque sin decir nada, fue difícil hacer eso pero ver cuerpos y moverlos para poder pasar era ya casi costumbre.
- ¿cual es el plan ahora? - me pregunto mi esposa
- voy a ir al supermercado a ver si encuentro más latas, de arriba estamos protegidos por los escombros de la radiación pero de los lados no tanto, vaceate los estantes, vamos a cercar el área alfombrada con ellos y los llenamos de libros hasta arriba, eso nos protegerá por mientras.
- ¿Por mientras?
- Si, tenemos que salir de aquí, pero vamos a necesitar algo en que movernos, a pie no llegaremos lejos.
Salí y rebuscando encontré latas de leche en el almacén del super, muchas estaban malogradas, generalmente lo que estaba debajo de varias cajas es lo que se ha conservado, latas de gaseosa, lastas de conservas, todo lo que estuviera envuelto en aluminio era comida potencial, afortunadamente junte muchas latas y las metí en un carrito y me las lleve a la librería, debió vérseme muy siniestro jalando mi carrito entre escombros, por primera vez necesitaba escuchar bulla, el silencio era horrible.
Al llegar mi esposa había limpiado varios estantes, los desclavamos de la pared y los movimos hacia la zona de los niños, logramos rodear el contorno y dejamos un espacio como “puerta”, frente a esta pero creando un pasadizo pusimos otros estantes, creamos un pasadizo donde tenias que doblar 2 esquinas para llegar a nuestra “zona segura”.
Comenzamos a llenar los estantes con libros muy gruesos, mientras mas mejor, las niñas estaban entretenidas en los cuentos y revistas, pusimos los menos importantes hacia el pasadizo, generalmente libros de leyes, esotéricos, computación, administración de empresas, novelas rosas, cosas así, y hacia adentro de donde estábamos los que más nos importaban, cosas como medicina , mecánica, arte, historia, matemática, etc.
Prácticamente todos los libros del local nos rodeaban hasta el techo, con los muebles sobrantes tapamos parcialmente la entrada y nos acomodamos para pasar esa noche, nuestra primera noche en mas de un mes en la superficie.
Estuvimos tan casados mi esposa y yo que no supimos cuanto dormimos, al amanecer vimos que las chicas estaban ya entretenidas en los libros, todos enfundados en el traje de asbesto.
- ¿Será seguro sacarnos esto? - me preguntó mi esposa
- Yo creo que si mientras no salgamos de la zona segura, chicas pueden sacarse el traje – felices me hicieron caso, la zona estaba muy oscura así que prendí otra linterna
- me gustaría dejar una entrada de luz, así al menos podríamos saber que hora es – me dijo mi esposa
- voy a ver que puedo hacer, ¡ya sé, bidones de agua!
- ¿Pero el agua no estará envenenada?
- Si, pero no es para beber, el agua es buen aislante de la radiación
Fuí al supermercado y entre las ruinas del deposito con dificultad encontré algunos bidones de agua enteros, los lleve con no poco esfuerzo y movimos las paredes de estantes para dejar entre ellos el espacio para poner un bidón y los apilamos uno encima de otro, afortunadamente los estantes los contenían para que no se cayeran y en los huecos que dejaban los “cuellos” poníamos libros y trozos de tela de asbesto de otros tajes que logré obtener, 3 hileras de bidones entre las paredes nos dieron acceso a una tenue luz, no mucha pero ya no vivamos en la oscuridad.
Al día siguiente conseguí algunas frazadas en los depósitos de la tienda de ropa, con pavilo creamos unas bolsas de dormir, uníamos 2 frazadas y entre ellas forrábamos los lados interiores con la cinta de plomo, no se cuantos rollos usamos, cientos, menos mal en la tienda de herramientas había miles.
Yo salía casí todos los días enfundado en mi “traje espacial”, así le decía, dentro llevaba pantalones y una chompa forrada en la cinta de plomo también, conseguí varias cosas, entre ellas una especie de florecente que logré hacer funcionar con baterías de auto, menos mal encontré varias funcionando, pero nos mediamos en el consumo.
Un día cuando desperté vi a mi hija viendo un dvd de una película de dibujos, “sería bonito volver a ver una película” dijo, esa tarde fuí a los restos de una tienda de electrodomésticos y en la sección de juguetes rescaté todas las transparencia que pude encontrar, esa noche tuvimos “cine” proyectado en el techo gracias a una linterna.
Cuando logré rescatar la última lata de comida en buen estado del supermercado regresé y di la noticia “ya no hay más”, había pasado al menos 2 meses.
- tenemos comida para unos 2 meses más al menos – me dijo mi esposa
- si, ya es momento de salir, han pasado ya casi cuatro meses desde la explosión, ya estamos en primavera, los días son más tibios, debemos movernos de aquí, la radiación debe haber bajado lo suficiente como para pasar ratos más largos afuera.
- ¿Nos vamos papi? - pregunto mi hija mayor y la menor presto recién atención a lo que hablábamos – ¿cuando?
- Cuando pueda hacer funcionar un auto
- ¿Y como harás eso? - mi esposa me miró incrédula
- Porque crees que deje los libros de mecánica adentro y no afuera con los de leyes – le mostré la sección que más leía esos días – solo tengo que encontrar un auto que no haya tenido batería puesta, reemplazar algunos componentes y encenderlo.
- ¿Y donde hay eso?
- Justo afuera estaba la venta de autos nuevos, supongo que no tendrán ni combustible ni batería, mañana los revisaré, espero encontrar algún modelo que no use computadora, todos esos debes estar fritos.